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Cuentista invitado


PROLOGO :

Esto es un relato corto. No es mi intención imitar a los grandes escritores, pues ni soy escritor ni lo he pretendido nunca. Es la primera vez que intento expresar con palabras sobre un papel las historias, ideas o situaciones de la vida y que fluyen en mi cabeza.

Soy consciente que en mi cerebro solo poseo una neurona y la utilizo para todo, para hablar, para comer, para dormir, para andar y también, creo que para escribir.

Ruego al lector sea considerado al leerlo y no me juzgue con demasiada firmeza, pues al ser mi primer relato corto, es posible que cometa errores, que con el tiempo prometo subsanar.

Mi relato pretende poner al lector en una situación de la vida bastante complicada, dándole la libertad de usar su imaginación para resolver dicha situación al final del relato, que por supuesto es imaginario, pues nada de lo que aquí se relata tiene que ver con la realidad y además es pura ficción.



Esta es mi historia, una historia verdadera. Trata de los recovecos que te guarda la vida. Es una historia verdadera, aunque al contarla parece sacada de un sueño, es real y verdadera.

Me llamo Javier y soy uno de tantos hombres, como los que hay en la vida, al igual que lo puedes ser tú. No soy nada especial, ni tampoco vulgar, solo un hombre como tú, en el que la vida me ha dado un golpe... mortal.

En mi vida anterior, nada tengo que destacar. Voy al trabajo y trato de hacerlo lo mejor que puedo, sin recibir quejas por parte de mi jefe, al menos, quejas importantes, porque de las otras, ¿quién no las ha recibido?

Mi vida seguía con normalidad y me sentía satisfecho. Vivo con mi único hermano y nos tenemos el uno al otro un amor incondicional, pues nuestros padres ya no están con nosotros y somos la única familia que queda. Vivimos en la casa que ellos nos dejaron, pues la solvencia económica que tenemos cada uno, no nos permite vivir una vida más independiente, aunque siempre pensaba que algún día, cambiaría mi vida, y que una mujer llamaría a las puertas de mi corazón. Y cómo no iba a ser el único hombre al que se le negara la experiencia del amor, ese día llegó. Pero nunca hubiera podido imaginar que sería de esta manera.

La primera vez que la vi, me pareció ver a un ángel. Por un momento, toda actividad que ocurría a mi alrededor pareció que se había parado de golpe o no existía, aunque en realidad, era yo quien no le prestaba ninguna atención, pues ante mi tenía a la mujer más maravillosa que jamás había visto.

Era una sensación extraña que jamás había sentido .El corazón me latía deprisa, pero a la vez, despacio. Mi barriga parecía una caja llena toda de nervios, como si la tuviera llena de mariposas. Sentía unas ganas enormes de abrazarla y no dejarla escapar, pues presentía que era la mujer de mi vida.

Aún sigo pensando que lo pudo ser, si el destino no me hubiera jugado esta mala pasada, esta historia mía, esta historia verdadera.

Todo este cúmulo de sensaciones, no solo las experimenté yo, sino que al lanzarme hacia ella para no dejarla escapar, descubrí más tarde que no era el único que las sentía, pues ella, al igual que yo, sentía como corría la sangre por sus venas llenas de burbujas de amor.

El flechazo fue mutuo y maravilloso. Parecía que el uno con el otro encajábamos como dos piezas de metal, tan diferentes la una de la otra, que difícilmente se podía decir que así fuera, pero que al unirlas, parecía una misma cosa y que al observarlas, encajaban de forma natural.

Los meses pasaban y la felicidad parecía que nunca se iba a acabar. Como ambos carecíamos de medios económicos suficientes para independizarnos, vivíamos junto con mi hermano. Pocas discusiones tuvimos ella y yo, y las que tuvimos fueron por casualidad, pero nuestro amor permanecía entero a carta cabal. De todos esos días, hubo un día que fue especial. El día en que me dijo que estaba embarazada.

Me sentí el hombre más dichoso del mundo, pues el fruto de nuestro amor, nos obsequiaba con lo más hermoso de la vida. De su vientre saldría el hijo que colmaría todas las felicidades, pues una pareja sin hijos, es como un jardín sin flores, y la vida junto con el amor, nos regalaba el mejor de los jardines. Aquel fruto fue creciendo a medida que nuestro amor parecía que se fortalecía.

        Digo que parecía, porque.... algo cambió. Su carácter ya no era el mismo. Todo le irritaba.

En principio le eché las culpas de su cambio, al estado en que se encontraba. Había oído decir que algunas embarazadas se le cambiaba el carácter, y decidí darle toda la paciencia que un enamorado puede dar. Pero su irritación crecía por días. Eran irritaciones por cosas banales, sin importancia desde mi punto de vista, pero que comprendía lo difícil que tenía que ser para ella vivir esa situación. Hasta que llegó el día en que esa irritación se volvió... contra mí.

Aquel día creí que el mundo se hundía bajo mis pies. Nada parecía tener sentido ni yo me lo podía explicar.

Una furia en ella que jamás había conocido se desató contra mí. El amor dejó paso al odio y no supe ver cuando llegó. Sentía por días cómo la estaba perdiendo, cómo me estaba dejando de querer.

¡¡¡ Y eso, dolía ¡¡¡, Porque yo aun la amaba, aún la necesitaba en vida, y mucho más que el aire que respiro, ¡¡¡ Y la estaba perdiendo ¡¡¡

Nada podía hacer, salvo ser veleta de sus caprichos e irritaciones, y rezar porque su carácter volviera a ser el de siempre. Pobre de mí, lo que la vida me aguardaba.

Una mañana, en la que ya esperaba la lucha diaria con ella, llegó el golpe mortal. Esa mañana su cara era distinta, su semblante era de expresiones fuertes a la vez que indiferente, sus ojos no paraban de mirar de un lado a otro, como no queriendo mirarme a los ojos directamente, como no queriendo desvelar un secreto que sus ojos delatarían, pero con una actitud que se veía claramente que estaba dispuesta a confesarme ese secreto, ese mismo día.

El secreto se desveló diciéndomelo sin vacilar. Estaba nerviosa y con la mirada perdida, su voz titubeaba, pero era firme. Yo la observaba, parecía como si no tuviera valor para decirlo cara a cara, frente a frente y mirándome a los ojos.

¡¡¡ Ya no me amaba ¡¡¡

Si antes creía que el mundo se hundía a mis pies, esta vez creí que el corazón se me partía en mil pedazos. El jarro de agua fría que me acababa de echar no me dejaba reaccionar ante las palabras que mis oídos habían escuchado y que se negaban a aceptar.

Hubo un silencio que pareció eterno.

Aun me encontraba desplomado y desorientado por las palabras oídas de su boca, cuando un nuevo jarro de agua fría, esta vez más helada que la anterior, volvió a estremecer mi pobre y viejo corazón. Parecía que no quería darme tregua en poder asimilar sus primeras palabras. Solo hizo un silencio, para acto seguido, rematar la situación y no tener que esperar a otro día y desvelar su segundo secreto, aun más doloroso que el primero.

¡¡¡ Estaba enamorada de mi hermano ¡¡¡

Toda actividad que ocurría a mi alrededor pareció que se había parado de golpe o no existía. El mundo a mi alrededor se paró como la vez anterior, pero esta vez, no era por amor.

Aún con mis sentidos desorientados, me terminó de decir que era mío, el hijo que en su vientre llevaba. Eso me tranquilizaba, pero no me aliviaba.

No sentía correr la sangre por mis venas. De ser un hombre feliz y orgulloso, pasé sin saber cómo al otro extremo de la felicidad en tan solo un instante. Quien en ese momento me viese, diría que daba pena.

La mujer de mi vida y a la que yo amo con locura, la mujer que lleva en su vientre el fruto de nuestro amor, ya no me ama, ya no quiere morir a mi lado. Y como dicen los grandes pensadores, que las desgracias no viene solas, esa mujer esta enamorada de mi hermano.

Lo mismo que un día el amor llamó a mi puerta, esta vez es la desdicha quien fuertemente llama a esa misma puerta.

¿ Qué podía hacer yo ?

Por un lado tenía a mi único hermano, a quien tengo un amor incondicional, y es sangre de mi sangre, carne de mi carne, pues es la única familia que tengo y no puedo ir en contra de él, aunque mi corazón pide... venganza.

Por otro lado tengo a esa mujer, la que creo que es la mujer de mi vida y que tiene en su vientre un hijo mío, fruto de nuestro amor, pero que esta enamorada de otro hombre, de mi hermano.

Mi mente se bloquea como un ordenador, fluyen los pensamientos de un lado para otro, parece una olla a punto de estallar. Quisiera salir de este mal sueño, de esta abrumadora pesadilla que no me deja pensar.

Y aún la vida, me aguardaba otra cosa más.

Debo aceptar su decisión porque ya no me ama. Pero qué cruel destino el mío, porque a la vez que no la perderé de vista, porque viviría en la misma casa, también viviría conmigo.

Pienso e imagino la situación que se va a crear y eso me atormenta. No puedo irme de la casa de mis padres. Pero ni mi hermano ni ella, tampoco podrán marcharse. La angustia me ataca el corazón, me lo aniquila, pues no hay mayor dolor que ver como la mujer de mi vida, besa, abraza y ama a un hombre que no soy yo.

Y si ya de por sí, cuando pienso que ya no hay mas dolor, me viene a la mente que el hijo que lleva en su vientre, es fruto de nuestro amor.

¿ Quien dijo que el amor, no es para siempre ?
¿ Quien dijo que el amor y la vida terminaban con la muerte ?
Si tanto la amo yo, Dios mío, ¿ quién decide mi suerte ?

No es un sueño, ni es una quimera. Es mi historia, una historia verdadera.


JAVIER
© Javier Alonso 2006